2017/07/02

Mariano Galván: " Por eso yo subo "

Mariano Galván

  “ ... Mucho se habla acerca de la muerte, o mejor dicho se le trata de buscar una explicación, pues siempre que de la muerte se trata, se hace una mirada esquiva, pero a lo que mi mundo compete, el cual es la montaña. La muerte tiene un gran debate y es motivo para analizar la vida de la persona y se la cuestiona, porque por empezar, subir montañas es totalmente inútil, un sinsentido en los tiempos que corren. Se gasta plata, se pasa frio, uno se arriesga de mas, no te bañas por unos días, te podés resfriar e infinidad de cosas más que la gente que se arrulla entre paredes y respira aire acondicionado argumenta para no salir de sus lindas jaulas con arena para gatos. Pero quisiera agregarle algo a su lista de excusas: te ausentas del boliche o del bar que frecuentas, respiras aire limpio, alimentas el alma con amaneceres (esa cosita que se halla dentro tuyo y que tan poco cuidado le das), compartís, tomas conciencia de tu respiración, tienes tiempo para reflexionar, y cuando bajas podes comer un poco de más sin culpa, que es la mejor manera en que los alimentos no te hagan mal, y muchas otras virtudes, que solo aquellos que persiguen lo inútil de querer ver un poco mas allá y de tener nuevas experiencias, saben. Lo que me llama mucho la atención es que estos últimos caminan por la vida sin querer convencer a nadie de que el camino que eligieron es el correcto, pues saben que no hay un solo camino para llegar a la cima. En cambio, aquellos que no pueden entender cómo es que hay nieve en pleno verano en las montañas, se afanan por querer darte mil excusas para menospreciar tu actividad, para demostrarte que aun estas a tiempo de dejar esa locura y acompañarlos en sus eternas horas frente al televisor, o que te sumes a su grupo de WhatsApp. Afortunadamente los que alguna vez hemos sentido el esfuerzo por ascender alguna montaña, soportamos estoicamente el embate, como lo hacemos con los fuertes vientos, o tormentas. Pues combatimos a lo que debemos.


            Batallamos en nuestro interior contra nuestros defectos y con el lado oscuro de nuestro EGO. Ante todo lo demás, nos doblamos como el bambú, y somos contemplativos, pues, nosotros también en un momento no habíamos subido montañas y pensábamos igual. Y sabemos que no tenemos chance en etéreas discusiones, pues lo único que puede hacer cambiar el pensar de una persona es caminar, la filosofía entra por los pies después de mucho andar perdiéndote, por ciudades, países y lugares que nunca imaginaste, para al fin encontrar un poco de ti. Así es como caminamos, los que caminamos. Así es como sentimos, los que descubren sus sentidos para atiborrarlos de nuevas sensaciones, para aquellos que se dejan sorprender por las mismas cosas una y otra vez, pues saben que cada experiencia es única, aunque su camino lo hayan transitado miles de personas.  Gracias por permitirme ser uno de ellos. Gracias por dejarme pisar tu lugar sagrado, que es tu casa y que es mi escuela de vida. 

            No puedo entender cómo se sigue enseñando en escuelas, cuando la verdadera enseñanza está en la naturaleza, en caminar, en aprender a oír, a ver, a sentir. A veces pienso en el tiempo que perdí entre paredes, pero no fue así, estaba también en un aprendizaje, estaba acumulando energía para poder volar. Y además no puedo cambiar el pasado, muchas veces me doy cuenta de cuánto tiempo pierdo por quedarme enganchado con cosas del pasado, como esas cosas me roban minutos de mi futuro. Pero me gusta observarlas, porque son parte de tu humanidad y de la mía. Somos seres imperfectos que disfrutan del aprendizaje del ser.  Me gustaría poder transferir mis experiencias de manera instantánea, pero no encuentro la manera pues poco puedo hacer con estas pobres letras que contrastan en un fondo blanco. Aun con fotos, con videos de los lugares donde he andado no te puedo transmitir ni un uno por ciento de lo que he vivido, pues faltan los olores, las sensaciones en la piel, los gustos, las lágrimas, los abrazos y el placer del alma por estar en lugares únicos.

       Solo te puedo dar una pequeña porción de mi experiencia, y quisiera creer que será suficiente para moverte, para sacudirte y decirte que te animes a sacar la persona que quieras ser. Pero sé que no es así, y me pone un poco triste mi discapacidad. Pero sé que me queda aún otra arma, la de escalar, caminar y mostrarte mi filosofía con movimientos, con las huellas que dejan mis pasos y que dicen más que las palabras que tan fácilmente salen de la boca, si decir cada palabra fuese tan duro como dar un paso en la nieve, el mundo estaría sumido en un silencio abrumador.  La única manera que entendieras seria caminando juntos, con miradas cómplices, con suspiros simultáneos, con sonrisas cómplices y sujetándonos las manos para seguir subiendo. Todo sería distinto si tuviéramos la capacidad de ver más allá de las palabras, de ejercitar nuestra imaginación para llegar a esos lugares juntos con tan solo leer unas líneas. Así que te propongo que lo intentes, que te esfuerces por entender mi locura, que de locura no tiene nada. Creo que nos gusta llamarnos locos para sentirnos distintos, pero la locura es algo que no se puede adquirir, es una desconexión que no se si quiero, pero que anhelo muchas de sus cualidades. A quien no le caen simpáticos los “loquitos”, quien no envidia su libertad, su incapacidad de juzgar, de bailar en cualquier lugar, de reír sin sentido y llorar al ver algo que los emociona. Quien no quisiera ser loco. Pero lamentablemente unos pocos alcanzan ese título, otros fuimos adoctrinados para arrancarnos esas cualidades, fuimos pulidos concienzudamente para amoldarnos a la “normalidad”. Pareciera como que nos educan con nuestros sentimientos, pero en realidad lo único que hacen, es amputarnos emociones, solo se me viene a la mente un árbol bonsái, al cual atan con alambres y cortan ramas, para que no crezca, para que tenga determinada forma, y que quepa en un estante. Eso es lo que más quieren, que toda la naturaleza y belleza quepa en un estante, en vez de tomarse la molestia de buscar eso que les parece bello en la inmensidad de los bosques o delicados acantilados, donde esos mismos arboles crecen sin alambres. El problema es que no se tiene tiempo, entre familia, trabajo y Tv no se tiene tiempo de buscar. La velocidad que nos envuelve nos impide ver el paisaje, el camino deja de ser camino y se convierte en una cinta transportadora, ahora no importan los pasos. Nos dejamos llevar en forma automática, ¿hacia a dónde? No sabemos, pero lo bueno es que no nos cuesta esfuerzo y eso es lo único que valoramos hoy, hacemos casos a nuestro cerebro primitivo y buscamos el menor esfuerzo. Pues para eso fuimos programados como animales, pero si queremos ser seres humanos, debemos deshacernos de ese instinto y agitarnos, cansarnos, sudar, pasar hambre y frío de manera voluntaria. ¿Con que fin? Pues con el fin de adquirir nuevas sensaciones, nuevos sabores, nuevos destinos. Para no convertirnos en repetidores, para evolucionar, para dar un legado, pues si alguien sube un escalón, lo subiremos todos, puede que a diferentes tiempos, pero todos subiremos un poquito más… “

                                                          
POR ESO YO SUBO   
Mariano Galván  

 


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